Distrito 798: Distrito del Arte en Beijing

Quien crea que Beijing lo único que tiene que ofrecer son antiguos templos, barrios de casas bajas, mercadillos y enormes rascacielos de metal, se equivoca. Beijing es mucho más. Y para prueba un botón.
El Distrito del Arte o Distrito 798 es quizás hoy en día uno de los lugares más emblemáticos de toda la ciudad y un buen paréntesis de modernidad, arte e incluso algo de snobismo para el viajero saturado de templos, espiritualidad, compras de imitaciones e historia.
El distrito 798 es una zona de arte contemporáneo situada en Dashanzi en el distrito de Chaoyang. Centro de exposición con un estílo arquitectónico único está situado en una antigua fábrica militar de componentes electrónicos, designada en su momento por un número, precisamente el 798.
La fábrica era una proyecto de colaboración entre la URSS y China en 1951 pero  fue la Republica Popular Alemana la que ayudó a su finalización allá por el año 1957.
La producción de la fábrica empezó a declinar lentamente a lo largo de los años hasta practicamente cesar  su actividad a finales de los años ochenta.
Fue a partir del año 1995 cuando la comunidad artística china desplazada de su anterior emplazamiento buscando un lugar amplio y barato donde realizar sus actividades y exponer sus obras, se instaló en esta antigua fábrica para realizar una exposición temporal que posteriormente pasó a ser permanente.
Estos fueron los inicios de este Distrito del Arte, cuya  existencia se ha visto en peligro en repetidas ocasiones sobre todo durante los primeros años debido a la puesta en cuestión de su continuidad por parte de las autoridades de la ciudad.
Actualmente, ya consolidado, es un enorme complejo lleno de galerias de arte, tiendas de moda chic, estatuas estrafalarias poblando las calles y cafés y restaurantes de lo más modernos. Por las calles se dejan ver numerosos artístas y chinos “modernos” en un total contraste con los que habitan los tradicionales hutong de la ciudad. Otro Beijing, una visión diferente que recuerda enormemente a los barrios industriales reconvertidos que podemos encontrar en ciudades como Berlín o Nueva York.
Es un buen lugar para aquellos compradores compulsivos de un gusto más refinado para realizar alguna compra diferente de las que se pueden encontrar en el resto de la ciudad asumiendo también, claro está, que hay que estar dispuesto a pagarlo y la visita puede ser un buen momento para tomar un café e incluso comer algo en los numerosos establecimientos que se pueden encontrar en el distrito (cafés a la occidental con precios a la europea también).
De todas formas y en cualquier caso, es recomendable no posponer en el día la visita hasta muy tarde ya que a partir de las cinco muchas de las galerías y tiendas están ya cerradas y el Distrito del Arte empieza a echar el cierre.
Me gustaría añadir aquí que ésta es una constante que se repite con cualquier atracción turística de la ciudad. Las cinco suele ser la hora límite en la que la mayor parte de los monumentos o puntos de interés en Beijing suelen despedirse hasta el día siguiente: Ciudad Prohibida, Palacio de Verano, Torre del Tambor y de la Campana… Son malas noticias para los más perezosos ya que a la hora de planificar un día en la ciudad, éste es un dato que tendrán que tener en cuenta y valorar.
Dicho esto, el distrito del Arte se encuentra ya en una zona bastante alejada de lo que viene a ser el centro neurálgico de la ciudad, a medio camino del aeropuerto, cerca de la autopista express que conecta el aeropuerto con la ciudad y para llegar hasta allí la forma más rápida y comoda sin duda  el taxi es una buena elección aunque como alternativa razonable hay disponibles bastante autobuses que llevan hasta allí más o menos directamente.

La distancia a recorrer bien merece la pena. Como ya he dicho, el Distrito del Arte puede darnos un punto de vista diferente de la ciudad y del país, ambos en plena transformación cultural y social y desde luego no está exento de encanto. Disfrutamos mucho de nuestro tiempo allí y del paseo por las calles del distrito que en si mismo equivale a entrar en cualquier museo de arte contemporaneo sin necesidad de entrar en ninguna galeria propiamente dicha pero mientras recorría los rincones y me fotografiaba con cada una de las curiosas estampas que el distrito ofrece, una idea no paraba de rondarme la cabeza. En una sociedad donde las libertades individuales están tan cuestionadas y donde el control gubernamental sobre las comunicaciones y el arte es permanente y artístas disidentes como Ai WeiWei se encuentran bajo arresto, realmente ¿cuánto de transgresor o de institucional tiene el Distrito del Arte? ¿Estaba ante un verdadero centro de expresión y libertad artística o bien ante un punto inmejorable de propaganda del gobierno chino sométido a una férrea censura? Probablemente, ni una cosa ni la otra. O un poco de las dos a la vez.

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