Gansu Exprés V : Xiahe – Lanzhou

ESCRITO POR MARCOS DE T.

Mientras seguía estando en el pueblo de Xiahe, En el albergue, conocí a tres chavales del sur de China que estaban deseando alquilar un coche para ver el entorno. Me pareció muy buena oportunidad y allá que nos fuimos los cuatro.

Lo cierto es que no sé si será por los 10 años de edad de diferencia, o por el choque cultural, el viaje se me hizo un poco pesado, los chavales responden al prototipo de Chino Joven, bastante superficiales y con poco interés y nula conversación. Eso sí, me salió mucho más barato que alquilar el coche yo solo, así que siempre les estaré agradecido.

El viaje se acercaba a su fin,  tras un par de días disfrutando del descanso, el entorno y el descubrir viajeros de todo el mundo, tocaba volver.

A priori tenía pensado hacer de un tirón el camino Xiahe-Lanzhou-Pequín-Madrid, pero decidí adelantar la vuelta a Lanzhou para quitarme problemas y de paso darme una ducha. Tras tres días sin pasar por el agua en el albergue, estaba bastante obsesionado con mi higiene personal. Lo peor, del viaje sin duda eran estos baños, muy desagradables, bastante más sucios que la media China, a nivel estación de tren (China, por supuesto).

Total, que me planté en Lanzhou, dispuesto a darle una última oportunidad. Y lo cierto es que mi opinión cambió bastante. Lanzhou sigue siendo una ciudad bastante fea, pero al menos no me pareció tan desagradable y agresiva como la noche anterior.

Busqué un hotel céntrico, con agua caliente y habitación individual. Por suerte estaba junto al mercado nocturno. Así que volví a pasear por el centro y comer en este mercado, un autentico placer.

Lo único interesante que tiene Lanzhou, a nivel turístico, es el paseo por el rio Amarillo, recomendable para todos aquellos que estén por allí.

Cansado y reconfortado después de una buena ducha, y una rica cena, me dispuse a disfrutar de una buena peli cuando, de repente, me llaman de recepción y acto seguido a la habitación. Dos chicas muy ”amables” entran diciendo no sé que en mi habitación como alma que lleva el diablo. Una de ellas, la más jovencita, se tumba en la cama, y yo que nunca fui el más listo, por fin, entendí todo. Así que, como alma que lleva el diablo, las invité a salir y sin más, a  dormir que tocaba volver a Pequín y luego a Madrid.

Moraleja: cuidado con los hoteles de clase “turista” en China, esta anécdota parece que se repite bastante cuando viajan hombres solos.
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