Tánger

Tánger, situada en el extremo norte del continente africano, constituye el segundo centro industrial de Marruecos y un importante y estratégico puerto y , sin duda, una de las ciudades con más personalidad de todo el país.
A lo largo de toda su historia la ciudad ha ido pasándo de unas manos a otras, italianos, portugueses, ingleses, españoles se la disputaron para pasar a convertirse finalmente en un condominio bajo el mandato de varias naciones, proceso que finalmente culminó con su adhesión a Marruecos en 1960.
Precisamente, fue ese periodo de condominio internacional el que convirtió a Tánger en una especia de ciudad franca donde espías, vividores, buscadores de fortunas y artístas se entremezclaban con los locales  dándole a la ciudad ese carácter que todavía subsiste y se puede palpar paseando entre sus callejones y sus decadentes edificios coloniales.
La ciudad siempre ha tenido fama de ser un lugar peligroso, como buen puesto fronterizo que es, y el rey Hassan II, anterior monarca de Marruecos  que no tenía especial querencia por el norte del país y, en especial, por Tánger  no la  mimo demasiado al considerarla un nido de ladrones y delincuencia.
Los tiempos han cambiado y con el nuevo rey, Mohamed VI, parece que las cosas son un poco diferentes y la ciudad ha comenzado un proceso de lavado de cara y de rehabilitación que ha vuelto a poner a Tanger definitivamente en las rutas turísticas.
Sea así o no, ayer y hoy, Tánger ha sido y es la puerta de África y también su salida, la puerta de atrás. Y como tal en sus calles se pueden ver mendigando inmigrantes de toda el África subsahariana que han encontrado en Tánger su último obstáculo antes de llegar al sueño europeo.
Y es que desde Tánger ese sueño es más que palpable. Se divisa Europa, separada por esa delgada linea de mar que constituye el estrecho de Gibraltar, lugar de paso de barcos y mercantes del Mar Mediterraneo al Oceáno Atlántico y que confiere a toda la región ese alto valor estratégico y comercial.
Yo a Tánger llegué en avión, pero, en cambio, me fui en barco. El aeropuerto de Tánger está a pocos kilometros de la ciudad y es pequeño y moderno. Ir desde el aeropuerto al centro de la ciudad cuesta 100 MAD y es un precio fijo que podemos consultar en un cartel colocado acertadamente en la salida del aeropuerto.
Una vez en la ciudad, para moverse existen dos tipos de taxis, unos blancos amarillentos grandes, donde tienes que negociar el precio (son los mismos que se encuentran apostando en la puerta del aeropuerto) y otros más pequeños de color gris azulado que funcionan con taximetro. En estos taxis solo pueden viajar tres personas como máximo.  En Marruecos los taxis se comparten y cuando uno detiene un taxi, si éste está ocupado y el viajero que lo ocupa viaja en la misma dirección, uno puede subirse y es conveniente entonces fijarse en la tarifa que ya marca el taximetro y restarla del precio final que indique cuando haya finalizado el trayecto.
El puerto de ferries se encuentra muy cerca del centro y desde allí parten barcos en dirección a Tárifa cada dos horas. Existen varias compañías y el precio de ida suele oscilar entre los 25 y los 40 euros.
El puerto de Tanger MED bastante más alejado de la ciudad es el punto de partida de las líneas marítimas que conectan con Algeciras.
Tanto el primero como el segundo trayecto son bastante cortos, con una duracción máxima aproximada de una y media.
Me gustaría advertir aquí a los viajeros incautos que tengan cuidado en el puerto. Trabajadores de la propia compañía portuaria se abalanzan sobre los extranjeros ofreciéndose rapidamente junto a un compañero a realizar las gestiones necesarias para obtener los billetes y escribir la carta de desembarco del país. Alejaos de ellos, pues la persona que verdaderamente debería atendernos está en un mostrador en el interior de las oficinas. Lo único que estos hombres pretenden es obtener unas cuantas monedas a costa de algún extranjero que pillen desprevenido.
Centrándonos ya en Tánger, he de decir que toda la ciudad desprende cierto ároma decadente y romántico. Desde luego, Tánger no está exento de encantos aunque diste mucho de ser la ciudad marroquí con mayor potencial turístico.
La antigua presencia española todavía se hace notar en los continuos rotulos y carteles que pueblan la ciudad y que parecen haber sido allí abandonados a su suerte,  sin que a nadie se le haya ocurrido quitarlos o sustituirlos por otros, en los cafés, en los cines arruinados y, sobre todo, en la iglesia franciscana, que se alza orgullosa en el centro de la ciudad.
Junto a ella, la mezquita principal de la ciudad con su gran alminar se situa desafiante, ambos edificios frente a frente en la plaza de España, construida allí para que la torre de la Iglesia no fuese el edificio más alto de la ciudad y fuese más visible que el minarete de la antigua mezquita, más antigua, situada cerca de la Medina.
La Medina con su bazar es un intrincado laberinto de calles y puestos de fruta y ropa que discurre entre decrépitos edificios antiguos de evidente influencia española que aportan al conjunto un ambiente entre exótico y familiar, entre fotográfico y ruinoso.
Es la Medina, como en cualquier otra ciudad del país, el punto donde se encuentran vendedores de baratijas, campesinas humildes vendiendo fruta, turistas y paseantes y compradores locales y que constituye así el verdadero corazón latente de la ciudad y donde no resulta dificil tomarle el pulso a la misma.
La Kasbah o ciudad alta es, en cambio, donde radica la verdadera alma o espíritu ancestral de la ciudad y donde se respira una quietud y una paz, muy alejada de la vibrante sonoridad del Zoco. Los colores se adueñan aquí de las casas y el azul y el verde, éste último el color del Islam, toman protagonimo en nuestras retinas.
Es desde la Kasbah desde donde se pueden disfrutar de unas buenas vistas del Océano y contemplar España y Europa en toda su proximidad.
El paseo marítimo de la ciudad no es precisamente uno de sus mayores atractivos, y aunque no deja de ser un agradable paseo junto al mar, no tiene mayor interés. Es allí donde se concentran un gran número de discotecas y bares junto a la playa, donde no debe resultar dificil encontrar algo de alcohol.
En cuanto a la comida, como ya he dicho en entradas anteriores, visité la ciudad en pleno Ramadán con lo que no podría hacer ninguna buena recomendación de ningún restaurante, aún así, si me gustaría destacar aquí para terminar la entrada, el café Des Passagers de Tanger, situado en place du 9 avril, muy cerquita del Zoco.
Es un café-restaurante situado en el tejado de una de las casas de la plaza y allí uno puede cenar o tomarse una cerveza, con las increibles vistas del Zoco y la propia plaza y la antigua y colorida mezquita. Las vistas no tienen precio, el local es muy asequible y es un buen lugar para reposar de un buen día de visita a la ciudad.
Fue allí donde yo terminé mi viaje por Tanger contemplando el gentio abarrotado de una ciudad que celebraba el fin del ayuno por un día entre luces, ruido y un tráfico incesante y observando hacia arriba la tranquilidad perpetua de un cielo oscuro lleno de estrellas a las que para nada parecían importarte nuestras mortales existencias y mucho menos, mi firme propósito de volver a visitar la ciudad en el futuro.

 

 

 

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