Seis razones para visitar Rotterdam.

Nuestra amiga Mariajo se fue a vivir a Rotterdam hace más de un año ya. Y la verdad es que llevabamos bastante tiempo pensando en ir a visitarla pero por una cosa u otra, lo cierto es que el viaje no acaba de concretarse. Planeamos primero el viaje en Abril-Mayo, con la primavera, cuando los campos en Holanda estuvieran florencientes y  rebosantes de color; pero no pudo ser. Después pospusimos al verano con el buen tiempo y el sol radiante del periodo estival pero no cuadraron las fechas y lo dejamos para el otoño, cuando las hojas de los árboles empezasen a amarillear y los tonos ocres se apoderasen de los paisajes, pero no fue hasta entrado el invierno cuando finalmente compramos los billetes para viajar a Rotterdam, concretamente en diciembre, coincidiendo por azar con las  ya pre-navideñas fiestas del Sinter Klaas.
La verdad es que diciembre quizás no sea la mejor epoca para visitar el pais. Ni tulipanes, ni coloridos campos, ni la posibilidad de disfrutar a tus anchas de la naturaleza o de espacios abiertos sin perecer congelado en el intento. De verdad, no exagero cuando digo que pasé mucho frio ya que el clima es, por decirlo suavemente, desapacible y no invita a pasar demasiado tiempo andando por la calle, pero también es cierto que los precios son más bajos (y yo soy pobre…) y no hay apenas turistas y descubrir un pais en su auténtico y profundo estado invernal también es en si una experiencia.
Con sus 600000 habitantes, segundo centro urbano del país, Rotterdam es una ciudad curiosa y una  rara avis llena de carisma entre sus vecinas ciudades neerlandesas o belgas. En terminos objetivos, no es la ciudad más hermosa del país pero  compensa este hecho con una fuerte personalidad  siendo el resultado final más que interesante. Para mí, fue una auténtica sorpresa descubrir que  Rotterdam está practicamente libre de turistas o viajeros, al quedar todos ellos atrapados por el potente magnetismo turístico de la capital Amsterdam, que atrae a los guiris como miel a las moscas, dejando así inexploradas otras partes del país como Rotterdam.

Es una pena y un alivio a la vez comprobar que la ciudad  permanezca así practicamente virgen del turismo de masas y mi objetivo con esta entrada no es otro que intentar hacer justicia  y reivindicar las cualidades de Rotterdam  aportando unas cuantas razones para visitarla. Ahí van…


RAZÓN PRIMERA: Arte y arquitectura. Todo el centro de Rotterdam ha sido destruido durante la segunda guerra mundial, conflicto bélico que se cebo especialmente con esta ciudad.
Vale, he de reconocer que a priori esto puede no parecer un motivo de peso para visitar la ciudad, si no todo lo contrario. Muchos os preguntaréis por el  interés que puede tener una ciudad cuyo casco antiguo  ha desaparecido casi por completo y ha sido sustituido por modernos edificios y elegantes hoteles.
Pues precisamente por eso mismo Rotterdam es tan interesante. La ciudad ha hecho suya la máxima de renovarse  o morir. La destrucción de lo antiguo dió paso a la construcción de lo nuevo y a la renovación de los espacios urbanos. La modernidad, lo contemporáneo, auténticas obsesiones para la ciudad, se han convertido en la seña de identidad clave para sus habitantes.
Rotterdam muestra al paseante auténticos caprichos arquitéctónicos derrochando modernidad a cada paso y sorprendiendo con bizarras construcciones, esculturas imposibles y fotografías insólitas a medio camino entre lo industrial y lo vanguardista, entre lo extravagante y lo funcional convirtiendo el centro de la ciudad en una auténtica clase magistral de arquitectura y diseño urbano.
Desde las extrañas casas cúbicas, mayor exponente de experimento urbano de la ciudad, hasta la Maastoren o el nuevo teatro Luxor pasando por el imponente puente Erasmus, la ciudad seduce por lo innovador y se aleja completamente de la típica postal holandesa.
Su vocación arquitectonica  le viene de lejos y no en vano la ciudad siempre ha mirado hacia las alturas ya que en Rotterdam fue edificado el primer rascacielos de Europa, la Casa Blanca (Witte Huis).
Eso sí, para aquellos que estén deseando hacerse la típica foto holandesa con las pintorescas casas de techo triangular  tienen una oportunidad de hacerlo en el barrio de Delfshaven, el único resquicio de casco antiguo que ha sobrevivido a la convulsa historia de la ciudad.

RAZÓN SEGUNDA: El puerto. Rotterdam tiene el honor de poseer el puerto mercantil más grande de Europa y el segundo más grande del mundo.
Este hecho ha supuesto ya desde hace siglos un importante impulso económico para el país y para la ciudad y le da a Rotterdam su fuerte caracter entre marinero e industrial que posee hoy en día.

Toda la zona portuaria es digna de ser visitada. No sólo por el enorme tamaño del puerto y sus largas filas de containers llegados de todas las partes del planeta. Fiel a sus principios, toda la zona antigua portuaria ha sido reformada convirtiendose en un espacio abierto al visitante y haciendo del reflejo aceitoso y tranquilo de las aguas y del ladrillo rojo de los edificios, un interesante paseo donde uno puede descubrir, por ejemplo,  un enorme transatlantico anclado en el puerto (el mayor transatlatinco construido por los holandeses y que ya no navega desde el año 2000) , convertido en museo y centro de recreo. Para los amantes de los museos, el ilustrativo museo naval también se encuentro próximo al puerto y para entrar en calor uno puede acabar tomando un café o una contundente merienda  en el modernista Hotel New York, lugar desde donde partían los emigrantes europeos rumbo a las Américas a principios del siglo XX. Sólo puedo decir que la visita al distrito del puerto es más que recomendable.
RAZÓN TERCERA: La inmigración. Como consecuencia de su función como puerto de entrada y salida de mercancias y personas en el continente europeo, Rotterdam ha adquirido un carácter multicultural y multiétnico convirtiendose realmente en una auténtica zona franca donde el inglés convive con una pasmosa naturalidad con el holandes. Inmigrantes venidos desde las antiguas colonias del reino, desde el Magreb o Asia, por otra parte, dotan a la ciudad de un sabor más que interesante y hace de la visita al barrio de Oude Westen un viaje por los cinco continentes sin tan si quiera salir de Europa. Como dato curioso, la mayor mezquita de Holanda se encuentra en Rotterdam y su inconfundible perfil se hace patente en el skyline urbano desde el rio a las afueras.

RAZÓN CUARTA: Comer. La verdad es que la variedad y oferta de restaurantes en Rotterdam es inmensa.  Reconozco y, puede ser cierto, que la gastronomía propiamente holandesa no sea la más variada o sabrosa del continente. Pero existe un mundo mucho más allá de la hamburguesa, las patatas fritas (a las que yo tampoco les hice asco, bien lo sabe Dios) y las típicas croquetas  (jejeje, es cierto, las croquetas también son típicas de Holanda, no solamente son españolas). Y es que fruto de la importante inmigración recibida, Rotterdam cuenta con una increible gama de restaurantes internacionales a precios muy asequibles  y de gran calidad. Una semana en Rotterdam da para mucho y he tenido el placer de estar en unos cuantos locales. Ahí van los tres sitios que más me han gustado. Que sirva esto  como  mis recomendaciones partículares y mi mini guía de comer en Rotterdam.
Warum Mini: Witte de Withstraat 47, Rotterdam. Para mi fue una verdadera sorpresa comprobar la cantidad de restaurantes surinameses y javaneses que pueblan toda la ciudad. Y es que Rotterdam como os podéis imaginar fue el punto de entrada de productos y personas prodecedentes de las antiguas colonias y en la acutalidad existe una importante comunidad de población surinamesa y javanesa viviendo en la ciudad. El Warum Mini es un pequeño restaurante al que nos llevo Mariajo en pleno centro. La comida de Surinam es una extraña mezcla entre la comida hindú y la propia del continente americano con claras influencias holandesas. Nuevo olores y sabores para mi pobre paladar.  Comer allí fue un pequeño viaje culinario a otras latitudes y a otros climas que nada tenían que ver con el de Holanda. Atención a la sopa Saoto (con huevo y patatas fritas) curiosamente especiada y que se toma con arroz y a los Roti típicamente hindúes pero mucho menos especiados que los que pude probar en la India el pasado verano. El restaurante es superbarato (se puede comer por unos 7-8 euros) y, desde luego, no hace falta ir de etiqueta (todo lo contrario). Eso sí, según me ha dicho nuestra amiga, está siempre hasta las trancas. Buena comida, buenos precios… No es para menos.
Bagel Bakerie: Schilderstraat 57A, Rotterdam 3011 ER. También situado no lejos del centro de Rotterdam, en plena zona de ocio y marcha, se encuentra esta panadería-restaurante de productos biológicos donde la estrella es el bagel, el curioso panecillo judeo-americano, reciclado aquí de mil maneras a modo de hamburguesa. Sólo puedo decir que comimos estupendamente por menos de 11 euros, que la carta es variada, el sitio más que agradable y, por si fuera poco, el local contaba con una eficaz red de wi-fi. Más que recomendable.
Bazal: Witte de Withstraat, 16. 3012 BP Rotterdam. Este hotel-restaurante situado en la popular calle de Witte de Withstraat (llena de restaurantes, bares y cafeterias) es uno de los mejores restaurantes turcos en los que he estado fuera de Turquía. El menú combina unas cuantas especialidades turcas con otros tantos platos de oriente medio. La música la decoración y todo el entorno pretenden transportarnos y contribuyen quizás de una forma un poco tópica y algo torpe a ambientes más exoticos y orientales. Aún así la comida estuvo genial y todo el lugar en sí da cuenta de la importante comunidad turca que también ha llegado a Rotterdam durante las dos o tres últimas decadas. Comimos y muy bien por unos 14 euros incluyendo la bebida.

RAZÓN QUINTA: La vida nocturna y la oferta cultural. Si la variedad de restaurantes parece enorme, la oferta de ocio, cultura, museos bares y cafeterías seguramente sea todavía mayor. Todo la zona entorno a la animada calle Witte de Withstraat (conocida como Witt de With)  está llena de locales donde poder tomarse una cerveza, un café, o escuchar música en directo mientras te tomas un gin-tonic. (Yo no bebo ginebra). La decoración de los bares y pubs está más que currada. Sirva como curiosidad que según los lectores de Lonely Planet el mejor pub del mundo se encuentra en Rotterdam… El pequeño y bullicioso Witte Aap en el número 78 de la ya mencionada calle. Justo al lado se encuentra un local auténtico donde los haya de cuyo nombre soy incapaz de acordarme lleno de parroquianos y estampado con posters de conciertos de hace ya más de cuatro decadas donde poder tomar una cerveza en compañía de cualquier cosa menos de veinteañeros.
Para un plan  más tranquilo una buena opción quizás sea  el NRC Café (Nieuw Rotterdams Café), también en Witte de Withstraat, pero esta vez en el número 63. Todo muy moderno y artístico.

Pero si la oferta de bares y salas de conciertos es infinita, la de museos no lo es menos. Atención absoluta al Museo de Arte Kunsthal.

RAZÓN SEXTA: Rotterdam está completamente lleno de grafittis. Reconozco que ésta es una razón absolutamente personal e intrasferible. Pero es que Rotterdam es una muestra de como este arte urbano, bien entendido como arte y no como mera chapuza gamberrada, puede alcanzar cotas de creatividad realmente interesantes. De verdad, pasear por las calles de la ciudad e ir descubriendo cada uno de los coloridos graffitis cobra una nueva dimensión en Rotterdam. Es uno de los lugares donde yo he estado en los que éstos graffittis, bajo mi humilde opinión, son más interesantes y son de mayor calidad.

Bueno, en fin, estas son mis seis razones por las que uno debe incluir a Rotterdam en su guía de viaje. Espero haberos convencido. Yo personalmente pasé una semana estupenda en la ciudad, hecho al que también contribuyó en gran parte mi amiga y su novio, que hicieron gala de una hospitalidad dificil de superar.

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