Koh Phangan (Koh Pha Ngan): Paraiso en la tierra

A lo largo de nuestras vidas, agobiados por el trabajo y por la incesante rutina semanal llena de obligaciones y problemas, presionados por el estres y cansados ¿Quién no ha soñado alguna vez con escapar a alguna isla desierta para evadirse del mundanal ruido? Yo si, desde luego, aunque luego, todo hay que decirlo, no aguante durante muchos días seguidos el parón de la tranquilidad de la vida de playa.  Será que me he hecho adicto al estres de la vida en la ciudad.
Pero aún así, por muy adicto que sea, a veces la imagen de una isla paradisiaca como destino de evasión se repite como un mantra a lo largo de la semana: los lunes, los martes, lo miercoles… me imagino a mi mismo bajo la sombra de algún cocotero, apoyado sobre la sedosa manta de arena blanca de la playa con la única vista de un mar azul celeste transparente que acaricia dulcemente la costa del mismo modo que la brisa marina mece el momento y todo esto con la única compañía de alguna bebida fría y refrescante y un buen libro.
En fin, relax en el paraiso.

El Índico está plagado de paraisos que parecen caidos del cielo en la tierra, y Tailandia posee dentro de sus fronteras unos cuantos. La lista es tan larga que cuando uno se plantea viajar a Tailandia parece dificil elegir: Koh Samui, Koh Phi Phi, Koh Tao, Koh Lanta, Koh Chang…
Al final los monzones y el tiempo en la época del año que uno visita el país, la disponibilidad de vuelos, o la propia ruta que uno se plantea acaban ayudando a decidir.
Nosotros visitamos Tailandia durante el mes de septiembre cuando los monzones estaban en plena forma, y es justo esa época la ideal para viajar al Golfo de Tailandia, ya que mientras el resto del país sufre las fuertes lluvias propias de esa época del año, ciertas zonas del Golfo de Tailandia gozan de una especie de microclima y el buen tiempo parece casi asegurado.
Fue por este motivo que nosotros pusimos nuestro punto de mira en la isla de Koh Phangan.
Koh Phangan está situada en el sudeste del país, como ya digo, en pleno Golfo de Tailandia y tiene dos islas hermanas: una hermana mayor, la megaturística Koh Samui y una hermana pequeña, la poco explorada Koh Tao, auténtico paraiso para buceadores.
Koh Phangan es famosa entre los mochileros que visitan el pais por sus famosas fiestas de la luna llena en la playa de Haad Rid, en la parte sur de la isla.. Estas fiestas atraen a un montón de americanos y europeos veinteañerosque que vienen a desfasar a esta parte del planeta, como una especie de Ibiza en Asia para mochileros, salvando las distancias . Quienes busquen fiesta en Koh Phangan tampoco tienen que estar demasiado pendientes del ciclo lunar.  Si por desgracia no hubiese luna llena durante sus noches de estancia en la isla, desde luego, tampoco se quedarán en la habitación del hotel sin nada que hacer, hay carteles por todas partes anunciando las fiestas de la media luna, de la luna nueva, del cuarto creciente…  vamos que hay fiestas durante cualquier día del año; cualquier excusa es buena para tener contento al turista que visita la isla.
A Koh Phangan sólo se puede llegar en barco. Nosotros volamos desde Chiang Mai a Koh Samui con Bangkok Airways. Koh Samui está completamente cubierta de cocoteros y un pequeño aerodromo con techo cubierto de paja parecía darnos la bienvenida diciendo “Bienvenidos al paraiso”.
Los turistas se sienten en el paraiso y desde luego los taxistas de la isla con tanto turista con divisas extranjeras también.  Los taxistas en Tailandia, en general,  no son gente de fiar y en cuanto pueden te sacan todos los cuartos que tu les permitas que te saquen y si te descuidas incluso hasta te dejan donde no quieres. Y en Koh Samui, además de cocoteros y turistas, hay muchos taxistas y son especialmente feroces. Nosotros no tuvimos una buena experiencia. Nos dejaron en un embarcadero al que no queríamos ir con muchas menos conexiones con Koh Phangan sólo para que viajaramos en el barco de su primo o véte tu a saber de quien y además nos cobró una pasta por el trayecto. Así que nos tocó esperar unas cuantas horas a que partiese un barco con dirección a Koh Phangan. A la vuelta cambiamos la ruta y  decidimos coger un ferry directamente a la ciudad de Surat Thani y de ahí volamos directamente de vuelta a Bangkok. Ya habíamos tenido bastante Koh Samui en la ida.
Bueno, lo importante es que al final llegamos a Koh Phangan sin más incidentes, sanos y salvos.  Yo viajaba a la isla algo escéptico y sin demasiadas expectativas. Después ya de bastantes días de viaje, estaba cansado y no tenía yo mucho cuerpo de fiesta y mucho menos ganas de lidiar con jovenes veinteañeros borrachos, juerguistas, montándo follón… Iba con espíritu de paz…Lo cierto es que aunque las inmediaciones de Haad Rid y toda la parte sur de la isla son bastante movidillas y hay bastante fiesta, el resto de la isla resultó ser sorprendentemente tranquilo y mucho menos explotado.
Nosotros nos alojamos en un pequeño hotel justo a una playa al norte de la isla: Cookie Salad Resort
http://www.cookies-phangan.com/
La verdad es que durante cuatro días me dediqué a la nada. Ese sublime placer de no hacer nada más que leer, comer y dormir. Ni si quiera hiciemos el esfuerzo de recorrer la isla en moto. (Estabamos muy perros) ni contratamos ninguna excursión al que dicen impresionante parque natural marino de Ang Thong (lo reconozco).
Durante unos días nos entregamos a la banalidad misma de la existencia y a elaborar las funciones vitales más básicas sin ningun complicación más allá del momento, o al menos así lo intenté (porque me cuesta eh).
La verdad es que los habitantes de la isla parecen entregados también a una vida bastante tranquila (o al menos dan esa imagen), aparentemente sin complicaciones (eso habría que verlo),  enfocando claramente la actividad comercial de la isla al turismo y al sector servicios. Como resultado,  todo el entorno desprende cierto aire de relax y despreocupación (quizás es más una percepción personal fruto de mi estado interno que algo real o un hecho objetivo) que invita al descanso.
Fué en un pequeño restaurante en la misma playa, cenando y viendo el atardecer sobre el mar cristalino cuando me dí cuenta de hasta que punto había desconectado.
El sol se ponía lentamente y coloreaba el mar con sus rayos a medida que el día se iba apagando en el horizonte.
La camarera de unos 50 años, con la piel envejecida por el sol,  se acercó calmadamente para tomarnos nota de la cena.
Le comentamos lo afortunada que era por poder disfrutar de esas vistas cada día. Ella asintió orgullosa con la cabeza mientras levantó la cabeza mirando el horizonte.
Al final la riqueza no es una cuestión sólo de dinero…

 

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