Budapest para vagos: dos formas para recorrer la ciudad sin dar un paso

Si no puedes andar, estás cojo, te sientes viejo, hacer turismo te agota, hace calor o si simplemente estás cansado de andar, recojo aquí dos buenas formas de recorrer Budapest sin tan si quiera dar un paso. Pero no os confundáis, no sólo es un recurso para vagos. Son además dos formas estupendas de conocer la ciudad y para mí son dos imprescindibles para todos aquellos que viajen a Budapest:


En barco:

El río Danubio es el segundo río más largo de Europa y durante sus 2888 kilometros de recorrido atraviesa hasta diez paises. En sus riberas se han asentado grandes y enormes urbes europeas y sus orillas han sido testigo de excepción de la convulsa historia del continente.  Hoy en día sus tranquilas y reposadas aguas (y sucias, también sucias) son una importante vía de comunicación y una autentica autopista fluvial utilizada en el transporte de mercancias y pasajeros.

                                           

Ni que decir tiene que sin salida al mar, para Hungría, el Danubio tiene una importancia vital y para Budapest, su capital, el río constituye una auténtica marca de la casa.
Buda y Obuda, en el margen derecho del río, y Pest, en su margen izquierda, están separadas y unidas por el ancho e imponente río y toda la estructura y funcionamiento de la ciudad está inevitablemente condicionada por la presencia de está enorme manga de agua.
Y desde el luego desde el punto de vista turístico, el Danubio es todo un imán poderoso que atrae sin remedio a los viajeros seducidos por la íconica y romántica idea que este río evoca en nuestra memoria colectiva.
Una buena forma de entrar en contacto con el río y con la ciudad y poder contemplar los monumentos más representativos de Budapest sin mover demasiado el trasero es realizar el típico paseo en barca por las aguas del Danubio. Para dar una idea de su importancia, en 1987 el Castillo de Buda y las magnificas vistas desde la ribera del río fueron incluidas en la lista del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO. Casi nada.
Especialmente recomendable es realizar el paseo al atardecer, cuando lentamente la luz del cielo se va apagando y las luces de la ciudad a su vez se van encendiendo poquito a poco a ambos lados del río mientras en el horizonte aparecen como auténticos cables centelleantes los numerosos puentes que cruzan el Danubio a lo largo de todo su curso por la ciudad.
Por unos 8 o 9 euros no es complicado encontrar en las orillas el río en alguno de sus pequeños puertos, especialmente en el lado de Pest, algún joven húngaro ofrenciendo el paseo en barca en alguna de las compañías locales a todos los turistas despistados que pasan por allí.
Los trayectos suelen ser muy parecidos y no hay mucha diferencia entre uno y otro, siendo eso sí, el recorrido  diferente, en cualquier caso, si el paseo tiene lugar durante el día o ya por la noche.
¿Y desde el barco que podemos ver?. Pues una ciudad que vierte apasionadamente todos sus encantos sobre el río y se muestra especialmente hermosa sobre las aguas del Danubio.
De un lado Pest, soberbia y animada, coronada por el impresionante edificio del Parlamento húngaro, toda una seña de identidad para la ciudad y para el país, al otro lado, Buda en lo alto, señorial y decadente, con el Castillo de Buda alzándose orgullosa sobre una colina. En el centro, los transitados puentes de la ciudad, destacando por encima de todo el imponente Puente de las Cadenas el puente permanente más antiguo de todos cuantos atraviesan el Danubio.
Y al fondo al final,  cuando ya la ciudad comienza a colear,  la isla Margarita, auténtico pulmón verde y paraiso para runners y joggers.
Ya estés solamente unas horas en Budapest, o una semana, no dejéis pasar la oportunidad de realizar este emocionante (por lo emotivo no por lo bravo de las aguas) paseo en barca.

En tranvía:

Indudablemente mucho más barato que subirse a una de las embarcaciones turísticas que pueblan el Danubio, lo constituye subirse a alguna de las líneas de tranvía que recorren ambas riberas del río.
Y es que más allá de lo placentero y nostálgico que puede resultar un viaje en un antiguo vagón de tranvía húngaro (especialmente para mí que como casi madrileño, vivo en una ciudad que no tiene tranvía), realizar el recorrido completo de algunas de las líneas del sistema de tram de la ciudad pueden constituir un verdadero tour turístico por el precio de un sólo billete de transporte público.
En este sentido, destaca especialmente la línea 2, en el lado oriental, y que hace paradas en algunos de los lugares más emblemáticos de la capital húngara; partiendo del pintoresco Mercado Central uno puede llegar hasta el Parlamento atravesándo el verdadero corazón de Pest y contemplar al mismo tiempo las magníficas vistas de Buda al otro lado.
La línea 19 en el lado opuesto del río realiza un trayecto similar pero por el lado de Buda.
Si optas por el tranvía, sólo me queda recomendarte que corras para coger asiento en el lado adecuado del tranvía y con ventanilla y relajarse y simplemente disfrutar del paseo comodamente sentado. Eso si, si ninguna de estas dos opciones te conviene, siempre te queda la opción mucho más cardiosaludable, todo hay que decirlo, de ir andando.

 

 

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