La Holanda del típico tópico: quesos, molinos, tulipanes y canales

Afirmaba el maestro del cine de suspense británico Alfred Hitchcock que siempre que la acción de sus películas se desarrollaba en algún país o algún lugar concreto intentaba hacer visibles todos los cliqués posibles de ese lugar y los convertía en parte destacada de la trama. De esta forma, el espectador identificaba claramente el escenario y convertía así al país en un protagonista más de sus películas. En cierta forma, le daba al público lo que éste esperaba encontrar exactamente de cada país o cada nación.
Recuerdo así a bote pronto “El hombre que sabía demasiado” cuyas historia empezaba a dibujarse con las vacaciones de James Stewart y Doris Day en Marruecos o ese sorprendentemente exótico Berlín del Este de la época de la Guerra Fría en “Cortina Rasgada”.
Menos conocido quizás sea el film de espionaje “Enviado Especial” de la primera época del gran director rodado en 1940 y ambientado en Holanda en plena Segunda Guerra Mundial. Magistralmente en una de las  escenas finales los típicos molinos de viento entran a formar parte de la resolución de la trama de una forma que no voy a contar  ni detallar aquí para no destripar la película, ( no estoy a favor de los spoilers) que recomiendo.  A lo que voy. Una vez más Hitchcock recurría en esta película a los viejos típicos nacionales más tópicos. Molinos, bicicletas, canales…
Igual que Hitchcock voy a contribuir a mantener vivos los tópicos y sugiero en esta entrada algunos de los lugares del país donde poder disfrutar de esa estampa holandesa más típica y poder sentir verdaderamente así que uno se encuentra en la Holanda que uno había imaginado y recreado en su cabeza.



Dordrecht y sus canales: No os voy a engañar, Amsterdam también está lleno de canales, Utrecht también tiene, como otras tantas ciudades en Holanda, pero lo cierto es que la presencia del agua es especialmente visible en Dordrecht. Tiene el título de ser la ciudad más antigua de Holanda y posee casi cerca de 1000 monumentos (¡¡casi nada!!), pero lo que verdaderamente le imprime carácter a Dordrecht son los ríos que la rodean (el Mosa y el Merwede) que convirtieron desde siempre a Dordrecht en un importante centro para el comercio fluvial.
La verdad es que el número de canales aquí es casi exagerado.

Gouda y sus quesos: Con decenas de variedades de quesos, los holandeses producen 650 millones de kilos de queso anualmente. Yo no lo sabía pero es que los holandeses además son los mayores exportadores mundiales de este producto  (por encima de Francia, Italia o España!!), pero es que además cada holandés consume de media unos 15 kilos de queso al año. Los quesos más conocidos son los de Gouda y Edam. Y una buena excusa para aproximarse a la ciudad de Gouda, que da nombre al queso, es su mercado del queso que se celebra semanalmente todos los jueves.
El queso Gouda es un queso de leche de vaca de un color amarillo intenso y hoy por hoy el nombre no se suscribe exclusivamente a la variedad producida en esta comarca si no que se extiende a otros quesos neerlandeses e incluso a otros no producidos en Holanda.
Gouda es un pueblo  bastante bonito y agradable. Según llegas a la estación la primera impresión puede parecer un poco decepcionante pero al final de la principal calle comercial de Gouda, uno se topa con la plaza principal y el imponente edificio del ayuntamiento en el centro, uno de los ayuntamientos más antiguos de toda Holanda. Otro producto muy conocido de Gouda, además del queso, son las stroopwafels (galletas de caramelo), de las que me declaro fan incondicional (tanto que les dedicaré una entrada para ellas sólas en el futuro. También hay mercados del queso en Edam y Alkmaar siendo éste último todavía más pintoresco que el de Gouda ya que hasta los vendedores van vestidos con los trajes tradicionales típicos. Más holandés imposible.

Kinkerdijk y sus molinos: Situado en la provincia de Holanda Meridional, bastante cerca de Rotterdam, se encuentra el pequeño pueblo de Kinkerdijk, famoso por su molinos de viento, patrimonio mundial de la UNESCO. Fueron construidos en 1740, como parte del sístema de gestión de agua, para evitar las inundaciones, tan frecuentes en estas tierras, muchas de ellas tomadas al mar (el 25% del territorio holandés se encuentra por debajo del nivel del mar). Son 19 los molinos que siguen en funcionamiento. Para llegar allí desde Rotterdam, uno puede tomar un tren a Utrecht y desde allí coger un taxi o bien, mucho más facil y económico, un viaje en ferry desde Rotterdam (hay que hacer trasbordo a mitad de camino).
Una vez en el complejo, lo más fácil es alquilar una bicicleta (completando así otro tópico más sobre el país) y recorrer el entorno por el camino habilitado a tal efecto. La verdad es que los paisajes son muy bonitos y la estampa no puede ser más típica con los molinos agitando sus aspas al viento.
Algunas de estas pintorescas construcciones se pueden visitar por dentro ya que muchos de ellos se han reconvertido casi en muséos etnográficos o tradicionales de la localidad e incluso en alguno de ellos venden productos tradicionales de la región (como puede ser el queso).
Francamente es una visita muy recomendable, aunque cuando yo los visité en pleno mes de diciembre y granizando, casi perdí los dedos de las manos por congelación.

Amsterdam, el Bloemenmarkt y sus tulipanes: Otro tópico más de Holanda convertido en una auténtica seña de identidad de país son los tulipanes y las flores. La mejor época para apreciar este aspecto de la visión más simplista del pais es logicamente la primavera, no el frío mes de diciembre en el que yo tuve el placer de visitar el país. Un buen, concurrido y turístico lugar para tomarle el pulso al tema quizás sea el Bloemenmarkt, el mercado flotante de las flores, en el canal Singel en pleno corazón de la capital Amsterdam. La verdad es que es superturístico y tal vez no sea el mejor sitio para comprar ni desde luego el más barato. Hay que tener cuidado además con  los bulbos de tulipán aquí ya que en éste como en todos los mercados más turísticos, los bulbos están modificados y cruzados de tal forma que sólo puedan crecer y florecer en una única temporada para morir posteriormente. Digamos que son de un sólo uso. Ha sido éste un invento de los productores de flores para obligar a sus clientes a comprar anualmente los tulipanes y así poder aumentar los beneficios de sus negocios.  Para adquirir tulipanes que duren más de una primavera mejor acudir a los mercados de flores ecológicos que se encuentran repartidos por todo el país, pero indudablemente más escodidos y a desmano que estos otros más pintorescos como el de Bloemenmarkt.
La mejor época para plantar los tulipanes es en diciembre, enero, en pleno invierno, así que es un buen souvenir si uno viaja por Holanda en esas fechas.

En cualquier caso, si por razones logísticas, todos estos lugares se encuentran fuera del alcance del viajero, uno siempre puede disfrutar de uno de los tópicos más conocidos de toda Holanda, las bicicletas, parte esencial del tráfico urbano del país, desplazándose por las calles de las grandes ciudades y de los pueblos y aparcadas en las entradas de las estaciones. Es una buena forma ecologicamente saludable de entrar en contacto con el país.
Y es que Holanda es un buen lugar para ponerse en forma.

 

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