Marea Roja en el Caribe

Una de las cosas que lamentablemente más captaron mi atención durante mi viaje a lo largo de las pequeñas Antillas, especialmente en Guadalupe y Martinica (sobre todo en esta última) fue la invasión costera de unas malolientes algas rojas, que teñían las paradisíacas playas de fina arena de un manto parduzco poco atractivo a la vista y al olfato y que no invitaban precisamente al baño.

Fue precisamente en Le Diamant, una de las más famosas playas de Martinica, donde nos topamos con la mayor explosión de estas algas extendiéndose durante cerca de tres o cuatro kilómetros de costa y apestando el entorno de un característico olor sulfuroso que recordaba a los huevos podridos.

La playa estaba desierta y sólo algún que otro pescador perdido y algún atrevido paseante se dejaban caer por Le Diamant aquella tarde. El pueblo estaba completamente vacío y no era difícil imaginar el coste turístico que aquella invasión de algas podría costarle a una localidad costera como aquella.

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Sin mucho más que hacer, nos paramos en una cafetería cercana al paseo marítimo para merendar y tomar un café.

Un padre, acompañado de su pequeño hijo, también cliente del local, nos oyó hablar en español y se dirigió a nosotros para preguntarnos cuanto tiempo llevábamos en la isla. Al hombre le gustaba mucho España y parecía encantado de practicar un poco su sólido español.

Una mujer sentada en la mesa de al lado, una oronda portuguesa acompañada de su marido martiniqueño intervino entonces también en la conversación haciendo uso de un más que correcto castellano. La conversación derivó y naturalmente acabamos hablando de las malditas algas rojas que estaban invadiendo las playas de la isla.

El padre parecía bastante disgustado por el tema. No era para menos. Además de darnos ciertas indicaciones sobre que playas estaban contaminadas por las algas y cuáles no, dependiendo de las corrientes marítimas que llegaban del océano, el hombre se quejó abiertamente por la situación que se estaba viviendo en la isla:

Aquí en el Caribe pagamos las consecuencias de lo que otros contaminan. Desde Fukushima hasta el vertido de México. Es un desastre”.

Desencaminado o no sobre el origen de la invasión de sargazos en las costas del Caribe, lo cierto es que estas algas rojas están siendo las protagonistas de un escenario que está causando un enorme coste tanto económico como medioambiental en las islas afectadas.

Muchos turistas han cancelado sus vacaciones en el Caribe y las algas amenazan con arruinar la temporada turística, la principal fuente de ingresos de las islas del este del Caribe La situación es tal que numerosos “tour operadores” caribeños están recibiendo reclamaciones por no advertir previamente de la situación a los viajeros y estropear así sus vacaciones y sus lunas de miel.

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Y no solo eso, si no que además el enorme coste que supone limpiar las playas de sargazos es un verdadero esfuerzo económico que amenaza con enredar todavía más las frágiles economías insulares, ya azotadas por la crisis económica originada por la caída de los precios de la caña de azúcar y la fruta y un paro galopante. Para hacerse una idea, sólo en el México vecino han destinado un presupuesto de 12 millones de pesos para rehabilitar las playas y recuperar el entorno natural y la magnitud del problema ha llevado incluso a las quince naciones del Caribe a reunirse y pedir ayuda internacional.

Pero si económicamente el coste es alto, mucho más es el precio medioambiental que suponen los sargazos en una región de una enorme riqueza y diversidad marina. Ese manto grueso de algas crea un fuerte desequilibrio dentro de los biomas marinos y puede provocar la liberación de toxinas y ácido sulfhídrico que aumentan la mortalidad de peces, flora y fauna. Además las algas toman todo el oxígeno del agua, creando verdaderas zonas muertas en el océano, desiertos de vida en una de las regiones medioambientalmente más ricas en el planeta.

Es un problema especialmente grave para las valiosas tortugas marinas,ya amenazadas, que se ven privadas así de su lugares habituales de anidamiento en las playas.

Además la acumulación de las plantas putrefactas es un caldo de cultivo ideal para las pulgas del mar e inhalar los vahos tóxicos que produce el sargazo puede llegar a ser incluso perjudicial para la salud de los bañistas.

Mucho se ha especulado sobre el origen de esta extraña marea roja, fenómeno que comenzó a extenderse masivamente a partir del año 2011 y que se cree que está motivado en parte por el calentamiento global y los subsecuentes cambios en las corrientes marítimas y aumento de la temperatura media del océano.

Además, sin duda, las elevadas concentraciones de nitrógeno del mar y la eutrofización de las aguas a consecuencia de vertidos de desechos en el océano está también detrás de la enorme proliferación de estos tipos de algas: barcos, cargueros, cruceros turísticos, el crecimiento industrial, en fin, una vez más la propia actividad humana podría estar detrás de este nuevo desastre ecológico.

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Incluso, hay expertos que apuntan, igual que nuestro amigo martiniqueño, al vertido de petróleo en el Golfo de México en el año 2010.

Mientras hay algunos que prefieren ver el lado positivo de todo esto y abordar las algas como una fuente más de riqueza (utilizar las algas rojas como materia prima natural para producir energía eléctrica o como fuente de producción de oxígeno y luchar así contra el calentamiento global) y lo ven como una forma más de autor regulación planetaria, lo que está claro es que la lucha contra este fenómeno y la comprensión del mismo requiere un mayor y profundo conocimiento de la relación entre las ciencias del mar y la ecología de estos procesos para lo cual es necesario, en cualquier caso, más dinero para la investigación sobre el tema. En la ciencia se encontrarán las respuestas a este y a tantos otros problemas.

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2 Respuestas a “Marea Roja en el Caribe

  1. Es horrible… yo vivo en Martinica y cuando esto ocurre tienen que cerrar los colegios que estan cerca de la playas. Los gases que producen las algas al pudrir producen dolores de cabeza y vomitos. Es una pena 😦

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