La isla de Bali, el imán turístico de Indonesia

Indonesia es un país enorme. 18000 islas y 255 millones de habitantes conforman el que es uno de los archipiélagos más complejos y diversos de todo el planeta.

Una inmensa mayoría de la población del país es musulmana (más del 85%) y solamente un 3% de los indonesios profesan la religión hindú, gran parte de los cuales habitan en la minúscula isla de Bali, un pequeño y diminuto punto en el mapa.

Es pequeña pero destaca por encima del resto de islas del país. Cuando Indonesia se promociona turísticamente en Europa o Estados Unidos (una importante fuente de ingresos para el país) prefiere vender el relax y la espiritualidad de los templos balineses que el fervor religioso de las mezquitas de Sumatra o Java.  Y es que Bali como marca comercial, vende, y mucho.

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De hecho muchos turistas visitan Indonesia, y vuelan directamente a Bali y pueden llegar a pasar quince días en el país y ni siquiera se plantean poner un pié fuera de la isla y con las mismas se marchan de vuelta a sus hogares. Ni se preocupan de visitar los templos de Java o las maravillas naturales de las islas vecinas.

Bali es un auténtico imán turístico, pero también por encima de las playas y los resorts  es una isla única y diferente. Posiblemente no haya otra isla como Bali en todo el planeta.

El Islam llegó a Indonesia a través de los mercaderes árabes que cruzando el Índico llegaron a Sumatra a finales del siglo X. La expansión del Islam en el país fue fulminante, sobre todo por motivos económicos. Los reyes hinduistas-budistas de Java querían un trato preferencial con los mercaderes y el hecho de practicar la misma religión les hacía llegar a acuerdos más beneficiosos para ellos. Así fue como poco a poco, y no exclusivamente por cuestiones de fe,  el Islam se fue imponiendo en la región, mezclándose en parte con mucha de la tradición y liturgia ya existente en cada isla.

Cuando a finales del siglo XVI las islas de Sumatra y Java habían sido totalmente islamizadas,  los reyes hinduistas que quedaron se vieron obligados a refugiarse en la vecina isla de Bali, donde fundaron el Reino del mismo nombre.

Bali permaneció fiel al hinduismo y tras siglos de convulsa y sangrienta historia, el aguerrido pueblo balinés, que se resistió sangrientamente a la ocupación holandesa, acabó incorporado en 1949 a la enorme nación indonesia.

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La historia ha hecho que Bali haya desarrollado una cultura y una expresión artística muy singulares y su visión del hinduismo, completamente aislada del que se ha ido practicando en la India durante siglos, es absolutamente particular, llena de referencias animistas y supersticiones populares.

Es esta singularidad, esta cultura y esta espiritualidad tan propias lo que hacen de Bali una isla tan fascinante.

En esto de recibir turistas, Bali tiene bastante experiencia. Allá por los años 30, los relatos de numerosos antropólogos y las descripciones de los primeros viajeros de la isla como un auténtico paraíso terrenal empezaron a atraer a los primeros turistas en un periodo de entreguerras en el que el fenómeno del turismo era bien distinto a como lo es ahora y solo era un capricho de unos pocos y una industria incipiente.

El crecimiento del número de visitantes europeos a la isla se vio drásticamente interrumpido por la segunda guerra mundial que vino y arrasó con todo en Bali como lo hizo en todo el mundo. A la debacle de la invasión japonesa y posterior liberación a mano de los aliados se vino a sumar la guerra de Independencia del país y un fuerte periodo de inestabilidad política en toda Indonesia que hacían que Bali perdiese atractivo como destino.

Ya a principios de los años 70 con un Bali pacificado, el mito de la “Isla de los Dioses” (así era como empezó a denominarse la isla) renació y el turismo masivo empezó a  llegar a raudales.

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Los terribles atentados islámicos del año 2002 y 2005 marcaron un parón en el crecimiento de la industria del turismo en la isla, pero gracias a los esfuerzos del gobierno indonesio para garantizar la seguridad de los turistas en la isla y al marketing publicitario (¿Quién no conoce al menos la novela “Come, Reza, Ama” o su adaptación cinematográfica protagonizada por Julia Roberts) han hecho de Bali una auténtica máquina de hacer dinero (3 millones de visitantes en 2013).

Sobre las consecuencias medioambientales del turismo de masas e incontrolado os hablaré con más detalle en una futura entrada.

Lo cierto es que Bali como destino es fácil, seguro, relativamente asequible y es, sin duda, un buen punto para iniciarse en Asia para aquellos viajeros no experimentado. Los balineses son gente acogedora y amable y es difícil no quedarse prendado de la genuina espiritualidad del pueblo balinés y de sus templos que han logrado gran parte de sus tradiciones y su idiosincrasia a pesar del riesgo de convertirse en un parque temático o en una especie de Disneylandia como resultado del turismo de masas.

En el sur es donde se encuentran la mayor parte de los resort turísticos y también las mejores playas. Entorno a Kuta y Jimbaran, bien cercanos al aeropuerto y a la enorme urbe de Denpassar. De entrada, toda esta parte de la isla quizás desanime un poco al viajero, convertida con sus altas torres, sus autopistas petadas de un tráfico imposible y sus centros comerciales y outlets en una especie de Benidorm asiático.

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Ubud en el centro pervive como auténtico centro cultural, artístico y religioso del país y es un buen lugar para alojarse para aquellos viajeros que busquen algo más que playa y pretendan acercarse, aunque sea mínimamente, al corazón de la cultura balinesa.

El  interior de la isla más al norte permanece un poco más conservado que el sur de la isla. Cascadas, bosques, campos de arroz , plantaciones de té y de café…  las oportunidades para hacer excursionismo son muchas.

La ciudad de Munduk en las montañas ofrece unas hermosas panorámicas del interior de la isla y las temperaturas más frescas que en la costa pueden llegar a ser un verdadero alivio sobre todo en las horas centrales del día.

Templos, templos y más templos. Uno puede llegar a visitar cientos, si se propone visitarlos todos.  Destacan, por citar un par, el de Ulun Danu, que aparece en los billetes de 50000 rupias o el Purah Besakih, o el templo Madre, conocido ya desde hace más de 1000 años.

Las playas del norte como las de Lovina están mucho menos explotadas que las masificadas del sur y si se dispone de tiempo y ganas no está de más escaparse al norte, porque cuando digo que las playas del Sur están masificadas, es que realmente están atestadas de turistas, al abierto de  feos pero fastuosos  complejos hoteleros y los centros comerciales.

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También en el norte de la isla se puede apreciar un poquito más de población musulmana. Bali está separado de Java por un estrecho que en su punto mínimo, al norte de la isla, su anchura llega a ser de tan solo 2,4 kilómetros.

La corta distancia fácilmente salvable en ferry ha hecho que tradicionalmente muchos javaneses emigren a la opulenta Bali, huyendo de la superpoblada Java, en busca de nuevas oportunidades de trabajo o negocio.

Esta inmigración no es vista con buenos ojos por parte de la población balinesa local que ve peligrar su cultura, su religión y su modo de vida por la cuasi colonización islámica javanesa. Los balineses, orgullosos de su propia singularidad y aún sintiéndose indonesios, defienden a capa y espada el tradicional modo de vida de la isla y se oponen a la corriente homogeneizadora e islamista que se está imponiendo en el Gobierno Central con sede en Java.

Este descontento quedó patente cuando los balineses se opusieron en bloque a la construcción de puente que uniese la isla de Java con Bali, lo cual hubiese facilitado las comunicaciones y habría reducido drásticamente el tiempo de viaje desde la isla vecina.

Incluso en el paraíso la convivencia no es idílica (nunca lo fue) y  también quedan problemas (y muchos)  que resolver.

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