Emerald Pool en Dominica

A pesar de nuestras buenas intenciones al acostarnos la noche anterior, el día empezó despacio y tarde.

Estábamos destrozados del trekking al boiling lake del día anterior y nuestras piernas casi ni nos respondían.

Nuestra primera parada aquella mañana fue el mercado. Queríamos pillar algo para desayunar. Primero fuimos a un supermercado y luego al mercado popular, una verdadera mezcla de frutas, gente, color y olores.

Mar estaba encantada. Compró bastante fruta. Podre, pero barata, eso sí. Así que no nos gastamos mucho dinero pero tampoco desayunamos demasiado aquella mañana.

Nuestra intención para empezar el día era ir hasta Emerald Pool , otro de esos lugares de ensueño con los que nos estaba regalando la isla de Dominica durante aquella semana.

Emerald Pool se encuentra a unos 23 kilómetros por carretera de Roseau, la capital del país, así que tomamos un mini bus local para llegar hasta allá.

Tuvimos bastante potra por haber encontrado medio de transporte porque era sábado y durante los fines de semana, sobre todo el sábado por la tarde y durante todo el domingo, la isla se queda paralizada y apenas hay transporte público.

En el bus iban unos borrachos montando follón y dando bastante guerra. Viajaríamos en aquella pequeña minivan unas 14 personas. Íbamos, por tanto, bastante apretaditos y todo el bus apestaba a alcohol. Así que no nos quedó otra que mirar por la ventanilla y disfrutar del paisaje que desfilaba delante de nosotros kilómetro tras kilómetro.

A mitad de camino, el autobús se detuvo para ayudar a un coche que se había quedado varado en medio de la carretera. El conductor era un chico joven que viajaba con una chica también bastante jovencita.

Todos los hombres se bajaron a ayudar, incluidos los borrachos y en poco tiempo, el coche varado y nuestro minibús estaban en marcha gastando más neumáticos.

En Dominica, todas las entradas a los lugares de interés son bastante caras. Es un país que grava bastante el turismo y prácticamente hay que pagar ecotasa por todo. Emerald Pool no es una excepción. 5 dólares americanos nos costó entrar (unos 13,5 dólares del Caribe Oriental). Dicho así puede no parecer mucho, pero si vas sumando y sumando por cada cosa que haces, al final la cartera se resiente.

Eso sí, merece la pena. Tras 15 minutos de camino a través de la selva pudimos comprobar que lo que decían era cierto. Emerald Pool es espectacular.

Emerald Pool es una pequeña laguna en medio de la selva y toma su nombre, (piscina esmeralda), del intenso color verde esmeralda del fondo del lago.

Apenas tiene profundidad y se puede cruzar andando. La laguna, parte de la cual se encuentra cobijada bajo una cueva, se alimenta de una impresionante cascada de 12 metros de caída que vierte agua con suavidad sobre la piscina.

Emerald Pool es uno de esos lugares de foto, la cascada es de esas que salen en los anuncios de colonia o de desodorante a través de las cuales emergen guapos modelos publicitarios.

Es un lugar de ensueño con sus aguas cristalinas y puras, que casi casi se pueden beber directamente  de lo limpias que están.

Tuvimos suerte porque aquel día no había apenas turistas. Solo estaban allí una parejita bastante jovencilla que nos habíamos encontrado en la excursión al boiling lake y una familia con dos niños. Disponíamos de Emerald Pool para nosotros casi en exclusiva.

Nos estuvimos bañando y el agua fresca recién caída de las montañas fue el mejor bálsamo reparador que pudimos tener para nuestras doloridas piernas.

Nos habían comentado que el lugar suele estar siempre bastante tranquilo casi a diario, exceptuando los días de crucero, dos veces o una vez por semana, como mucho, en los que Emerald Pool se llena. Es el típico sitio relativamente cerca de Roseau al que llevan en furgoneta a los turistas para mostrarles un botón de todo lo que Dominica tiene que ofrecer al visitante.

Pero aquel día, afortunadamente para nosotros, no era día de crucero y como el resto días que estuvimos en Dominica, tuvimos la fortuna de encontrarnos con la isla casi en soledad y disfrutamos de  la agradable sensación de habernos escapado por completo de la ruta turística más masificada.

Cada día, cada momento que pasaba, con cada encuentro, Dominica me iba gustando cada vez más.

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